Miguel Angel Muñoz “Hugo Sánchez es Dios.”

Llega casi solo a la entrevista. Con apenas un asistente de la oficina de Relaciones Públicas, que no lo agobia y le otorga libertad de movimientos y de contacto con el entorno difícil de encontrar en estas lides, sobre todo cuando de una estrella internacional se trata.
Porque es posible que Miguel Ángel Muñoz (Madrid, 1983) no sea una figurilla conocida en el show business local, pero en su país de origen tiene un rostro identificable por el gran público gracias a una carrera artística de casi 20 años.
Tiene 28 años, lo que lo hace endemoniadamente joven, pero comenzó a trabajar a los nueve, lo que lo convierte en un veterano de guerra en una profesión que de antemano califica de difícil y por la que ha renunciado a la fama y el dinero que otorgan la música. Máxime cuando se ha sido, como él, una rutilante estrella del pop, primero liderando el grupo UPA Dance, salido de la exitosa serie Un paso adelante (2002-2005) y luego al frente de una carrera en solitario que lo llevó a grabar dos discos y a participar como invitado en el Festival de San Remo.
Hace dos meses que Muñoz está en México grabando la tercera temporada de Capadocia, invitado especialmente por el productor Epigmenio Ibarra. Se siente cómodo aquí, luego de haber pasado por supuesto la maldición de Moctezuma, haberse enchilado con un chile en nogada y luego convertido en un serio consumidor de tacos al pastor.
En la serie actúa a un hombre bueno que se arriesga para cumplir su misión, trabaja a las órdenes de Ernesto Gómez Cruz y se enamora un poco del personaje encarnado por la mexicana Gabriela de la Garza. Muñoz aparece en los 13 capítulos de la temporada que se estrena este año, y a causa de ello tendrá que pasar Nochebuena en México, pues la grabación concluyó el pasado diciembre.
Madridista de nacimiento y por convicción, adepto a la corriente de desarrollo individual llamada Eneagrama, creada por el chileno Claudio Naranjo, quien fuera novio de la también actriz Mónica Cruz (la parecidísima hermana de Penélope), se siente un muchacho con suerte.
Por lo pronto, no sufrió de los traumas que suelen adjudicarse a los niños actores, aunque admite que “es muy peligroso comenzar en la profesión de tan pequeñito, sobre todo porque empiezas a pensar que tienes que comportarte como adulto”. “En mi caso, como no había antecedentes artísticos en mi familia, no existía presión, y mis padres, siempre que aprobase en la escuela, me dejaban interpretar. Cuando me ponía un poco absurdo, me daban una ‘colleja’ (golpe dado con una mano abierta en la nuca), y enseguida se me pasaba”, dice Miguel Ángel.
A menudo se siente este actor, bailarín, cantante y compositor de canciones como un verdadero atleta de fondo. La metáfora le viene de su afición a los deportes y de saberse parte de una carrera donde nada está escrito. “Un día te llaman para ofrecerte tres trabajos juntos y, luego, pasas una larga temporada donde el teléfono no suena jamás”.
Ese sistema voluble y azaroso de un oficio que requiere mucha resistencia, “no tiene nada que ver con el talento ni con tu último trabajo, sino con la suerte de que alguien se acuerde de ti”.
“En ese intervalo, por supuesto, tienes que conseguir dinero para llevar tu vida a cabo y para tener un estado de ánimo que permita soportar el entorno, resistir aquello que no te parece tan bueno o que es definitivamente malo, sin dejar que te afecte demasiado”, explica.

Los de afuera son de palo
Sabido es cómo se las gasta la llamada telebasura en España, frente a la cual muchos de “los nuestros” en dicho rubro quedan como verdaderos nenes de pecho. Un triste episodio familiar acontecido hace cuatro años puso a Miguel Ángel Muñoz en el centro del foco y la prensa amarilla o rosa lo persiguieron.
Su madre, la vidente de los famosos Cristina Blanco, había sido acusada de robo y estafa, luego enviada a una clínica psiquiátrica y finalmente salida de la atención mediática que ahora mismo desconoce su estado de salud.
En todo ese tiempo, el actor jamás habló públicamente del caso. Y ésta no será la excepción. “Sólo comparto mi intimidad con la gente que quiero y que me rodea cotidianamente. Lo hago así porque ése es un regalo a la confianza y a la amistad”.
En México, Miguel Ángel tomó contacto con la compleja idiosincrasia nacional, ese estilo tan propio de “querer odiando” a los compatriotas ilustres. Madridista irredento, tuvo la oportunidad de conocer a Hugo Sánchez, un verdadero ídolo para la afición del Real Madrid. Grande fue su sorpresa al notar que entre los pamboleros mexicanos estaban los que lo llamaban leyenda, y otros que le decían cosas no tan buenas. “Yo pensaba, ¡pero si este hombre es Dios! Hasta hace poco que Ronaldo le ha quitado todos los récords, Hugo Sánchez era el top”, concluye.

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