Javier Sicilia, la fe de un poeta en la oscuridad

En la figura del escritor Javier Sicilia convergen de manera creativa religión , filosofía y psicoanálisis, que orientan la poesía y novelas que ha escrito, así como las revistas que ha dirigido. En uno de sus libros había intentado adentrarse en la mente de un asesino. ¿Qué dijo a GENTE de aquella investigación a la luz del estado de violencia actual?

En el número Julio 2011, GENTE entrevistó al poeta, narrador y hoy activista Javier Sicilia momentos antes de iniciar de comenzar el miting del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en las calles de Reforma. Se abordó la relación de su libro: El reflejo de lo oscuro (1997) con  la situación del México actual y la perdida de su hijo Juan Francisco, el pasado 28 de marzo. Hoy, Sicilia continua su lucha entrevistándose con el embajador de Estados Unidos en México, Anthony Wayne para hablar de la necesidad de parar el tráfico de armas a territorio mexicano por parte del vecino del norte.

Aqui lo que GENTE publicó:

Matar físicamente es sólo consumar en acto lo que en el corazón se ha cometido”, subrayé durante el vuelo de Ámsterdam a México. El trayecto lo realicé inquieto por los conceptos de un libro que, de manera insólita, encontré abandonado en un estante a principios de mayo durante una venta que realizó la Universidad de Amberes en Bélgica. Se trataba de El reflejo de lo oscuro, escrito en 1997 por el poeta, narrador y hoy activista Javier Sicilia. Adquirí el ejemplar por mi ignorancia de la obra y por tratarse en este momento de un personaje coyuntural en México.

Mi furtivo encuentro literario con el personaje de esa novela de Sicilia, Jacques Fesh, un hombre proveniente de una acaudalada familia francesa, quien a los 24 años asesina a un policía tras un asalto,
desencadenó una serie de coincidencias que confrontaban, 14 años después de haber sido escrito el texto, al propio autor con sus reflexiones acerca de conceptos como crimen, mal, perdón, alma, fe, Dios… ¿Qué pensaba entonces y qué piensa ahora Javier Sicilia?, me pregunté.

Las coincidencias entre la realidad que afronta Javier Sicilia y México con los conceptos del libro fueron más allá de lo obvio. El reflejo de lo oscuro, para el cual Javier Sicilia tomó meses de investigación de una historia real en la que Jacques Fesh fue condenado a pena de muerte en 1957, nos muestra a un autor que había escudriñado la psique de un asesino antes de que la vida lo enfrentara al asesinato de su hijo, Juan Francisco Sicilia, junto a otros seis jóvenes el 28 de marzo pasado en Morelos.

El justo siempre sufre en su propia carne y en su propia alma el dolor que debería padecer el criminal cuando sufre su acto”, subrayé de nueva cuenta en el libro. Según narra Sicilia, una corte francesa encontró culpable a Fesh del asesinato de Jean Vergne, un policía que lo persiguió tras su huida de la casa de cambio que pretendía robar para financiar la compra de un barco para cruzar el Atlántico.

Cara a cara

Cuando decidí viajar a México, entré en contacto con Isolda Osorio, esposa de Javier Sicilia, con la intención de encontrarme con él. El propósito era confrontar al autor con las ideas que hace más de diez años lo llevaron a indagar no sólo en la historia de Jacques Fesh, sino también en la mente y, más profundo aún, en el alma de los criminales.

Sin embargo, la Marcha por la Paz de principios de mayo, la detención de varios implicados en el caso de su hijo, entre ellos Julio de Jesús El Negro Radilla, presunto actor intelectual de la muerte de Juan Francisco; un viaje a San Francisco, California, para recibir el premio de derechos humanos que otorga la organización no gubernamental Global Exchange, donde el escritor responsabilizó a EU por la violencia en México, y el espaldarazo del presidente Calderón a la labor de Genaro García Luna durante la instauración del Día del policía, que se interpretó como respuesta a la petición de presentar su renuncia que Sicilia había hecho el 8 de mayo en el Zócalo, retrasaron nuestro encuentro. Perdí en México la cuenta del número de llamadas y correos electrónicos a Isolda para encontrarme con Sicilia.

El mal radica no en el hombre, sino en una conciencia que extravió su sentido y que clama por ser restituida a su verdadera condición”, recuerdo haber marcado en esas 296 páginas en las que el personaje del abogado, Baudet, elucubra sobre la mente de un asesino. A mí me ofrecía una analogía entre la realidad de México y de Sicilia. En los escrupulosos diálogos entre el asesino Fesh y el abogado Baudet se busca que el joven le cuente su historia para ayudarlo a librar la pena de muerte y, más aún, para
apoyarlo y así salvar su alma:
—Para mí, todo criminal es un santo que se ignora. Ha tenido el valor de arriesgar su alma. Pienso también lo contrario. Un criminal aguarda agazapado en el alma más santa —señala Baudet.

¿Dígame, abogado, dónde, entre toda esta mierda, está el santo que dice existir en cualquier criminal? ¿Dígame, en todo este vacío, en toda esta inanidad, dónde están mi alma y su Dios? Tonterías, abogado. Si hay algo aquí, es sólo la nada; una estúpida e inútil pasión. Tal vez habría sido mejor que me mataran como a un perro —le reta Fesh.

Los personajes que habitan esta ficción podrían estar comentando también un titular de la prensa nacional de estos días. Sicilia escribió en este libro una clasificación de los asesinos: están los que no hacen ninguna diferencia entre matar y comer, y los que, como Fesh, matan como un gesto de rebeldía, “cuyos crímenes sólo obedecían al gesto de una humanidad podrida”, se lee entre sus páginas.

¿A qué clase pertenecen los miembros del Cártel del Pacífico Sur que mataron a Juan Francisco? La respuesta es evidente. Por ello, quise preguntar de frente a Javier Sicilia, si el sicario en México cuando mata sufre, y si lo hace como hombre o como bestia.

 El encuentro

La caravana está a punto de arrancar su periplo a
Ciudad Juárez. Es el sábado 4 de junio y el escritor convertido en activista aguarda por el resto de los convocados en la ciudad de México cerca de la columna del Ángel de la Independencia. Es una mañana soleada. Sicilia viste de color caqui, lleva el sombrero y el chaleco de explorador que le han caracterizado. A unos metros de Reforma, camina junto a su esposa pausado, pensativo, concentrado. En la mirada se le reconoce el dolor de la pérdida y el alejamiento de su oficio. Pero también a través de las gafas deja escapar la fortaleza de quien ha decidido llevar a Juárez el grito “¡Estamos hasta la madre!”.

Minutos antes del arranque del mitin una llamada anuncia que el poeta hablará con este reportero.

 ¿Qué piensas ahora, a muchos años de haber escrito El reflejo de lo oscuro y tras lo sucedido a ti y a tu familia, acerca de la delincuencia?

La delincuencia tiene que ver con Jacques Fesh. Es urgente desarticularla estructuralmente. Pienso que parte de la delincuencia en este país es la falta de un suelo ético. La falta de dinero y la falta de adquisición que ha penetrado en todos los ámbitos de la vida termina precisamente por caer en situaciones de miseria o en situaciones de falta de oportunidad. Mucha gente en esa carrera se ha vuelto ejército de los criminales, sobre todo nuestros jóvenes; esto es grave. Por eso hemos puesto mayor énfasis en ver lo que le está pasando al tejido social, cómo está destruido y cómo rehacerlo. La política que ha hecho el gobierno es una política absolutamente reactiva, violenta para combatir la misma violencia y no las causas que generan este tipo de manifestaciones.

 En México, tal como lo pretendía el abogado Paul Baudet en su libro, ¿a los delincuentes habría que procurar salvarles el alma?

Me parece que sí. Vivimos en un sistema que se ha vuelto de venganza y de humillación. Creo que deberíamos rescatar esos conceptos de una decisión cristiana de llevar a las partes más claras de la conciencia la dimensión del mal que han hecho y penas que realmente los restituyan a su condición humana.

¿Qué pasa con su relación con Dios, se ha acercado más a él o ha dejado su creencia a un lado?

Creo que estoy en una fase compleja. Estoy en una fase muy oscura de la fe, una fase sin direcciones. No sé qué le está pasando a este país, con el horror que uno vive diariamente y con las mediaciones rotas.

¿México requiere esa fe oscura con la que vives?

Pues no lo sé. Pienso que ahora no sólo México; la situación que estamos viviendo… No sólo hemos desalojado a Dios, sino que el imperio del hombre es un poder que priva y que nos está llevando a consecuencias terribles.

Entonces, la fe, como dice su personaje el abogado Baudet, es una voluntad hacia algo que se nos reveló y que alguna vez, en un instante privilegiado, experimentamos.

Hay que ir al fondo de la fe. Porque hemos ausentado a Dios. Como dice Charles Möller: la esperanza radica en que no es posible vivir en el infierno.

 ¿Y el perdón? ¿Existe perdón de parte de Javier Sicilia para los asesinos de su hijo?

Sí, el perdón es un don, una gracia. Pero hay que entender que el perdón no funciona si del otro lado no hay una transformación. El perdón es un carril de ida y vuelta. Evidentemente, yo espero que la justicia que les corresponde pagar según la ley sirva para que tomen esa conciencia.

Nuestro encuentro fue fugaz. En cuanto inició la caravana la nube de reporteros se abalanza para hablar con Sicilia de la coyuntura, de política, de los objetivos de la marcha y de quiénes lo acompañarán en su trajín hasta la frontera.

Los asuntos que tienen que ver con la ética y la vida espiritual tendrán que esperar, tal como la beatificación de Jacques Fesh, quien en la espera de su muerte se convirtió en un devoto católico a quien pronto canonizarán. En México, la espera, al menos para Sicilia, parece esperanzadora. n

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